Vuelta a clases y las emociones - Guía de Maternidad
Una guía de maternidad y crianza

Vuelta a clases y las emociones

Comenzar un nuevo ciclo escolar implica dejar de lado la flexibilidad de las vacaciones para volver a las rutinas, también reencontrarse con amigos y amigas, seguramente conocer nuevos referentes educativos y volver a los salones y el patio de la escuela.

 

Habrá peques que tengan muchas ganas de volver, otros y otras que no tanto. Para algunas infancias implica el inicio de la escolarización, para algunos y algunas el cambio de ciclo escolar.

 

Pero sin lugar a dudas, sea cual sea el caso, volver a la escuela genera muchos movimientos, tanto para las infancias como para la familia en general.

 

Entonces es esperable que las primeras semanas sean de reorganización y que impliquen desafíos.

 

La invitación para quienes somos mapadres es a propiciar el diálogo, interesándonos por cómo están siendo estos primeros días, preguntando y escuchando lo que tienen para contarnos. Prestando atención a lo que nos traen, nos cuentan y también nos muestran con acciones. 

 

Algo que sucede muchas veces es que cuando les preguntamos cómo les fue en la escuela, la respuesta suele ser “bien”. ¿A quién no le ha pasado y se queda con ganas de saber más?

Les cuento algunas ideas para promover que haya cuentos e historias a la  salida de la escuela:

  • Contarles cómo estuvo nuestro día, que fue lo que más nos gustó, qué cosa interesante hicimos, qué desafío tuvimos, si pasó algo gracioso o algo que no nos gustó. Parece simple, pero ayuda a que después tengan ganas de contarnos también algo de su día.
  • Cambiar la forma de preguntar. En vez de preguntar “¿Cómo te fue en la escuela?” podemos probar con alguna de estas preguntas:
    • ¿Qué fue lo más divertido de tu día?
    • ¿Hicieron alguna actividad nueva o interesante?
    • ¿Aprendiste algo que te sorprendió?
    • ¿Con quién disfrutaste más jugando?
    • ¿Tu día tuvo algo que te resultó difícil?
    • ¿Hubo algo que no te gustó?

 

La idea es elegir alguna pregunta, como forma de iniciar el relato y ver también si hay ganas de responder y de contar.

 

Otro aspecto importante para este comienzo de clases es que las emociones seguramente estén a “flor de piel”, desde la alegría por ver nuevamente a amigos y amigas, hasta la ansiedad por no saber del todo con lo que se encontrarán. Desde las ganas de aprender cosas nuevas, hasta el cansancio de los primeros días con la nueva rutina.

 

Si bien el inicio de esta nueva etapa puede estar desarrollándose de manera armoniosa, es esperable que estos cambios de rutina, sobre todo si niños y niñas son pequeños, hagan que surjan con más frecuencia e intensidad emociones displacenteras, como enojo, frustración, ansiedad. Y también que sucedan más desbordes emocionales, comúnmente conocidos como berrinches.

 

Entonces¿Cómo podemos acompañar a las infancias en la manifestación de sus emociones?

 

Si como adultos y adultas, les permitimos transitar la emoción sin interferencias, pueden salir con mayor rapidez de ella, no quedarse anclados e ir adquiriendo (de a poco) ciertas herramientas y habilidades para reconocerlas, ponerles nombre, entrar y salir de la emoción. Y que sea funcional a lo que les está sucediendo. Porque las emociones no son ni buenas ni malas, son respuestas fisiológicas y de comportamiento que nuestro cuerpo tiene ante cambios o estímulos internos o externos. Tienen la función de mostrarnos cómo está nuestro mundo interno y cómo interpretamos lo que sucede a nuestro alrededor

 

Los niños y las niñas aprenden a habitar y transitar su emocionalidad en gran medida a través del ejemplo, de la observación de sus cuidadores (madre, padre o cualquier referente). 

 

MUY IMPORTANTE: Poner el foco en nuestra emocionalidad, mejorar en nuestra propia gestión emocional puede resultar la mejor manera para enseñar sobre este tema a nuestros hijos e hijas.   

 

Seguramente si hablamos de alegría por empezar las clases, coincidamos en que es una emoción que no implica un desafío al momento de acompañar a los y las peques. Es más, es una emoción que nos resulta placentera, nos gusta estar ahí para compartirla con ellos y ellas, verles y escucharles reír, ver que entran con ganas a la clase.

 

Ahora ¿Qué pasa si la emoción es la frustración, la incertidumbre, el miedo o la tristeza ante el comienzo de las clases? Ahí es muy probable que estemos de acuerdo en que puede resultar más cuesta arriba acompañar ¿no? Y seguramente dependiendo de la intensidad, del día, de la edad del peque, de nuestro estado de ánimo podremos acompañarla de mejor manera o no.

 

Justamente de eso se trata y es ahí donde está el mayor desafío de acompañar. Acompañarles a transitar sus emociones, sobre todo cuando lo que sienten tiene que ver con las emociones que llamamos displacenteras: Para que puedan buscar formas cada vez más funcionales de transitarlas, para que puedan cada vez más identificar qué sienten, para que logren ponerlo en palabras, buscar soluciones en conjunto, comprender, gestionar el conflicto, vincularse con otros y otras.

 

El acompañamiento emocional está relacionado con corregular, o ayudar a regular la emoción y no con sacarles de ella. No se trata de evitar el conflicto, sino de acompañarlo. No se trata de distraerles con otras cosas, sino de validar lo que el comienzo de clases en este caso (pero aplica para muchas otras situaciones) genera en ellos y ellas. E intentar acompañarlos desde ahí, de manera consciente, validando y habitando lo que sucede.

 

Sé que es un tremendo desafío.

Les propongo un ejercicio para estos primeros días de clases.

 

Imaginen un iceberg. 

Ese bloque de hielo no es solo la parte que se ve, la que sobresale del agua, sino que hay una parte sumergida que es mucho más grande. Esa parte que los capitanes de los barcos deben tener muy en cuenta a la hora de navegar. 

 

Con las emociones sucede algo similar, la expresión que como adultos y adultas vemos de las mismas, muchas veces tiene otro entramado más profundo, que a simple vista tal vez no percibimos. Pero que si estamos dispuestos y dispuestas, tenemos una mirada atenta y nos generamos el espacio, podremos descubrir que más allá de ese grito, ese llanto, esa conducta que no parece adaptada a lo que sucede, hay un niño o una niña vivenciando una emoción. Que está procesando muchas cosas en muy poquito tiempo, muchos cambios que tal vez para adultos y adultas no son “para tanto” pero que para ellos y significa un gran desafío transitar. 

 

A menudo, de forma equivocada, representamos el comportamiento de nuestros hijos e hijas (y sus expresiones emocionales) como la punta de un iceberg. De esta forma, nos centramos solo en la conducta visible, no vemos el fondo (las creencias que lo motivan, el para qué se comporta así, el por qué expresa así sus emociones). 

 

Por el contrario si les acompañamos, si podemos ver más allá de a la punta del iceberg, estamos ayudando a ese niño o niña del presente y generando las bases para su regulación emocional.  

 

Les invito a probar la estrategia de las 3 “A” para acompañar los desbordes emocionales de una manera más saludable para las infancias y para quienes criamos:

 

Aceptar: Los y las niñas son sabios y sabias y están en conexión con lo que sucede en el aquí y ahora, con lo que sienten y con lo que su cuerpo experimenta. Cosa que de grandes (algunas veces) vamos perdiendo, por miedo a lo que otros y otras puedan pensar, por miedo a cómo quedará si digo tal cosa o si me muestro con lo que siento. 

 

Acompañar: Intentar estar lo más en calma posible, respirar, buscar ser la regulación que ellos y ellas no están encontrando. 

Sé que no es fácil en ese momento, si sentís que no podes acompañar y estas perdiendo la calma, podés mojarte la cara, tomar un vaso de agua, respirar aire fresco. Y si aún así seguís sintiendo que no podés y hay otro adulto/a es válido y sano (para todos/as) salir y pedir cambio.

 

Parar y respirar: Para conectar con lo que esa emoción está provocando en ti, para a su vez poder ser una mejor compañía.

 

Ayudar a regular: Podemos ofrecer diferentes alternativas, habrá peques que estarán a gusto con la idea de un abrazo, que contenga y que ayude a regular.

 

Otros y otras en ese momento no están afín al contacto físico, pero sí aceptarán probar otras cosas, como por ejemplo si están enojados o enojadas, golpear un almohadón o apretar un muñeco, rayar una hoja, romperla  o arrugarla. Tirarse en el colchón y hacer movimientos de pataleo, saltar, correr, salir a caminar. Todas estrategias que favorecen la descarga motora.

 

Cuando lo anterior sucedió es momento de poder conversar sobre lo que pasó. 

Antes de esto podemos proponerles tomarnos un rato para respirar (nosotros y nosotras también podemos hacerlo) y recobrar la calma. Favoreciendo volver al equilibrio.

 

Y siempre reforzar la idea de que estamos disponibles para conversar si lo quieren y para ayudarles desde nuestro rol adulto. Que empatizamos con ellos y ellas, que comprendemos que el comienzo de clases puede ser muy movilizante y que a veces nuestras emociones nos desbordan. Podemos también contarles que a veces nosotros y nosotras nos sentimos así y compartirles las estrategias que utilizamos para recobrar la calma.

También es una buena oportunidad para hablar sobre la importancia de ir identificando las emociones y comunicarlas de manera asertiva, respetando lo que siente y sus derechos y teniendo en cuenta a la vez a las demás personas.

 

Para finalizar quiero traer dos aspectos que siempre comparto con las  familias que acompaño:

  • No hay respuestas únicas en el  camino de la crianza y seguramente tenga que ver con ir más para adentro, conocernos, mirarnos, que con buscar recetas mágicas en el afuera. 
  • En la maternidad y la paternidad no existe la perfección: existen las personas reales, como vos y como yo, que aprenden día a día, que se equivocan, se frustran y vuelven a intentarlo.

 

¡Que tengan un buen comienzo de clases!

@mamanosabetodo |  Romina Patriarca  | Psicóloga | +598 99 883 939